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Ana Maria Cofiño: Posicionarnos desde la cultura emancipadora

17 Febrero

Anamaria Cofiño, Petatera guatemalteca del Periódico Feminista La Cuerda, habla acerca del lugar desde donde nos posicionamos las feministas para tratar  de los sistemas de dominación y de la construcción de nuestras libertades. 

Posicionarnos desde los fundamentalismos nos mantiene dentro de la cultura de la dominación

Lo más importante es que las feministas hagamos el ejercicio de explicar de qué estamos hablando cuando hablamos de una cultura anti-hegemónica, de una cultura que promueve la disidencia, de una cultura que promueve la discusión y que ve diferencias y también ve igualdades.

¿Qué entendemos cuando hablamos de libertad? Los fundamentalismos han sido muy influyentes en nuestras vidas. ¿Por dónde  queremos dejar de estar afectadas, o por dónde queremos dejar de  contra-hegemonizar a los fundamentalismos?  Eso es lo que creo que no nos hemos atrevido a hacer. Siempre estamos hablando de los malestares que nos provoca la cultura dominante, pero no hablamos de la cultura emancipadora que queremos.

Sobre los  fundamentalismos y  las estructuras de poder de dominación

No me adhiero a eso de hablar de fundamentalismos políticos, económicos u otros, porque en mi entorno no hay una sola corriente que yo pueda identificar. No es cierto que el neoliberalismo sea igual en todas las partes, no hay un fundamentalismo económico, hay principios que se conocen y se comparten y se ponen en práctica.
Mi temor es que al decir “eso es fundamentalismo”, le ponemos una etiqueta que lo homogeniza.
Así nos olvidamos que hay muchas corrientes, muchas tendencias dominantes. El fundamentalismo me refiere mucho a una corriente esencialista digamos. Encarnada en un libro, en una línea de pensamiento cerrada, etc. Pero no lo veo así en América Latina porque esa definición se refiere a una corriente de pensamiento única, rígida, monolítica.

Haysectores de la Iglesia Católica - los más conservadores - los que defienden los diez mandamientos, etc. que son fundamentalistas, pero no puedo decir que toda la Iglesia Católica es fundamentalista.  Igual, no todos los neoliberales responden a un catalogo o a una sola línea. Quisiera que cuando las feministas hablemos de esas cosas, no hagamos generalizaciones tan  a la ligera. Nosotras promovemos una actitud anti-hegemónica en el sentido de ser cuestionadoras, de ser críticas. El concepto de fundamentalismos homogeniza o pretende meter ahí a  un montón de tendencias que no son tan definidas.

Si se dice que el neoliberalismo es fundamentalista, ¿cuál es ese neoliberalismo? ¿Por qué solo hablamos de fundamentalismo en abstracto? Así, nos estamos enfrentando  a los dogmas, pero los dogmas no son iguales aquí, ni en Nicaragua, ni en China, ni tienen el mismo peso.

Así, cuando hablamos de fundamentalismos, nos montamos a un barco conceptual que no nos refiere a lo concreto. Por ejemplo, puede ser que las nicaragüenses se refieran a una posición fundamentalista en la iglesia tal, encabezada por el Cardenal cual que se opone al aborto bajo tal y tal concepción, pero no es toda la iglesia. Por eso es que me niego a usar eso como punto focal  de nuestra reflexión.  Por otro lado, siempre insisto en que nosotras, no es que dejemos de lado la crítica al sistema desde lo que nos está pasando ahorita, sino desde lo que queremos hacer a corto, mediano y largo plazo. Nombrar desde lo que queremos.

Entonces no seguir hablando de lo que el enemigo nos impone, sino de lo que nosotras queremos hablar. Porque estamos siempre reaccionando. Que la Iglesia no nos quiere, entonces luchemos  con todo. Sin  desviarnos de lo que a nosotras nos interesa.  Por eso estoy insistiendo que nosotras tenemos que poner todo en la mesa y aprovechar los espacios como estos, no solo para hacer la crítica, sino hacer espacios de propuestas. Hay un sistema que es muy complejo, que por supuesto tiene al fundamentalismo como una de sus formas culturales de dominación. A mí me gusta lo de despatriarcalizar la cultura, porque va más allá de los fundamentalismos.

Desde dónde construimos nuestras propuestas

Los fundamentalismos son los extremismos, el esencialismo, pero  hay cuestiones más sutiles, no tan evidentes. Entonces cuáles son esos elementos que nosotras vemos, pero no solo lo criticamos, sino que también formulamos nuestras propuestas.  Como Mesoamericanas hemos temido hacer un análisis desde la perspectiva de la discriminación y el racismo para hacer propuestas concretas en ese sentido.

Si existe un fundamentalismo racista habría que identificarlo y decir: ¿Cómo funciona el racismo en Guatemala? ¿Cómo funciona el racismo en Nicaragua? Son dos fenómenos distintos, entonces no de puede decir “en Centroamérica existe el peligro de un fundamentalismo racista”, porque perdemos nuestros objetivos y nuestras estrategias; porque hacemos unas generalizaciones terribles y no vemos las particularidades de cada lugar.

¿Cuál es el fundamentalismo que nos está agrediendo ahora en Centroamérica, es el neoliberalismo, o es el desarrollo que nos están proponiendo, o la Iglesia está actuando por igual en todos los lugares? No es cierto. Podemos decir que la Iglesia más conservadora se opone a la planificación familiar, pero tiene sus características.

Si queremos revisar los fundamentalismos, tenemos que empezar por revisar los fundamentalismos propios; hacer una revisión bien critica acerca de qué es lo que estamos hablando, qué conceptos estamos hablando, qué luchas estamos dando. La síntesis de mi posición es que nos estamos metiendo en esta discusión política que tiene como centro la discusión sobre los fundamentalismos y esto de alguna manera pospone la discusión sobre nuestras propuestas. Lo que he propuesto es hacer un ejercicio de creación política de lo que queremos nosotras aquí en Centroamérica. Seguimos  peleándonos  con el enemigo, con el adversario y no estamos imaginándonos esa transformación tal y como la que queremos.

Vivimos en sociedades que tienen violencias múltiples que no se deben a un fundamentalismo, se deben a cuestiones muy particulares de cada contexto. Me interesaría que como feministas mesoamericanas, habláramos de la propuesta de vida armónica. ¿Que implica eso? ¿Qué implica  para nosotras el desarrollo? Si no queremos este desarrollo ¿qué es lo queremos? Queremos vida buena. ¿Qué quiere decir vida buena?

Ese es un tema que está en todas nosotras. ¿Que no nos gusta esta propuesta de desarrollo que nos está haciendo el capitalismo patriarcal? Si decimos que no nos gusta por tales y cuales  razones, entonces conceptualicemos  y proponiendo nombre concreto a lo que sí queremos. Hablemos de como nosotras queremos construir el poder. Eso para mí es más importante que estar dándole vueltas otra vez al ruedo de los fundamentalismos.

El tema del Foro de AWID

Acerca del tema del Foro de AWID “Transformando el poder económico para avanzar los derechos de las mujeres y la justicia”, yo cuestionaría qué entendemos nosotras por desarrollo.  Porque podemos decir hay una actitud fundamentalista en querer defender el concepto de desarrollo, referido por ejemplo, a lo que es un desarrollo sustentable.Porque el desarrollo desde el poder de dominación es un desarrollo en detrimento de mucha gente. Nosotras como feministas en este contexto en el que nos están imponiendo el desarrollo a la fuerza, tenemos que decir lo que queremos. Si decimos “queremos la vida buena”, qué entendemos por la vida buena, ser más explicitas.

En términos de lo que implica para el Foro de AWID,  vale la pena debatir lo que es la institucionalización del desarrollo de una perspectiva muy occidental, o aún desde una perspectiva que quisiera ser buena para todas, es decir generalizar o estandarizar.

Mi propuesta consiste en hacer  una crítica al desarrollo, aunque se le ponga apellido de “sostenible”. Porque el desarrollo implica muchas cosas en términos  económicos y culturales, implica un crecimiento insaciable, una  búsqueda de bienestar material exclusivamente, etc. “Estar  mejor” se convierte en una carrera contra el tiempo, contra la humanidad misma porque no es sustentable debido a que es bueno para unos, pero no para todos.


Otro ejemplo: ese desarrollo que tiene como parámetros “la felicidad” es un concepto muy occidental, muy androcentrista. Por eso es muy importante  la posición  que tienen  algunas feministas de los países en que  están en la pobreza.  Eso de desarrollo realmente ya no se lo creen.
Por ejemplo, el  feminismo comunitario está haciendo una crítica a las formas de desarrollo que vienen disfrazados de que son “alternativas”. Por ejemplo el “capitalismo verde” es un nombre que le ponen a la misma propuesta que hasta hoy no ha traído beneficios.