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¡Alto a la injusticia y la impunidad en El Bajo Aguán! ,16 de febrero de 2012

15 Febrero
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         ¡Alto a la injusticia y la impunidad en El Bajo Aguán!,   Mesoamérica, 16 de febrero de 2012

Las    feministas    mesoamericanas        expresamos      nuestra    más   profunda     solidaridad    con    la  población y particularmente con las mujeres del  Valle de El Aguán, en Honduras.  A la vez, demandamos         al  Estado     hondureño      y  a  los   organismos      internacionales     de   derechos humanos, que trabajen para que se produzca un alto inmediato a la persecución, desalojos y asesinatos en El Bajo Aguán.

Hemos conocido de la crítica situación de derechos humanos que viven particularmente las mujeres,      en   una   clara    una   prolongación       del   estado    de  indefensión      e   impunidad profundizado       y   reforzado   tras   el   golpe   de   Estado.  Desde   hace   unos   tres   años,  vienen
ocurriendo       sistemáticas      y   graves     violaciones      a   los    derechos     humanos,       como hostigamientos,   amenazas,   persecución,   represión,   asesinatos,   entre   otros,   que   han   sido constatados y documentados por diferentes organismos de derechos humanos.

Las   mujeres rurales enfrentan de   forma particular esta situación. Han sido testigos  y  han vivido de forma cruda la represión, por haberse atrevido a luchar por el derecho a la tierra y  porque sostienen la vida cotidiana en sus hogares y al ser las únicas que están presentes en las casas, enfrentan los desalojos.

Las reformas agrarias implementadas en toda Centroamérica y México, sumadas al impulso de    la  modernización,     agudizan     desigualdades      de  género    sobre    la  tenencia   de  tierra  e insumos.   Se   caracterizan   por   una   falta   de   comprensión   de   la   situación   que   vivimos   las
mujeres y su relación con el desarrollo del medio rural, como el poco tiempo disponible y su   maximización en detrimento de sí  mismas, por   las  múltiples  actividades reproductivas asignadas por el patriarcado, como la recolección de leña, el acarreo de agua, el traslado a centros de salud y cuidado de hijas e hijos.

 Han     sido    los  jefes   de   hogar     quienes    históricamente       se  han    beneficiado     de    las  distribuciones. Se aplica el concepto de "cabeza de familia", en general un hombre, como base para la redistribución de la tierra. El resultado de esas reformas y programas, es que la cantidad de beneficiarias suele ser reducida.

En el caso de Honduras, la reforma agraria impulsada en los años 60 y 70, ha sido truncada y sustituida por un modelo de concentración de la propiedad rural, que quita el derecho a la tierra, el agua, la alimentación y el trabajo. Los campesinos enfrentan severas restricciones

para desarrollar sus actividades. Las campesinas se enfrentan a obstáculos adiciones como el acceso a la tierra, muy pocas la tienen y las que la poseen tienen una reducida extensión y de baja calidad.

 Como un contrasentido a tales políticas, en Centroamérica y México las mujeres rurales siguen siendo las principales responsables de la alimentación y cuidado del hogar. La seguridad alimentaria de numerosos hogares rurales depende de las mujeres, pero con muy bajo acceso a recursos productivos -tierra, tecnología, educación- y créditos, que se constituyen en barreras importantes para las jefas de hogares.

En Honduras, para el año 2007 los hogares empobrecidos con jefatura femenina eran casi la misma      proporción     que   los   hogares   empobrecidos       con   jefatura    masculina,     según    las Encuestas      de  Hogares     de   la  Comisión     Económica      para   América     Latina    y  el  Caribe, CEPAL.   Según   esta   misma   Comisión,   los   hogares   de   bajos   ingresos   dependen   cada   vez más del trabajo de las mujeres, quienes representamos alrededor del 30% de la PEA rural en la región, pero su capital humano se encuentra subutilizado.

La   histórica   invisibilidad   que   hemos   vivido   las   mujeres,   no   sólo   desconoce  el  papel   que desempeñamos  en   la  sociedad,   tampoco toma  en   cuenta  el  aumento   de responsabilidades que    se   producen     debido     a  la  migración     de   los   hombres,     un   problema      común     en Mesoamérica.  

Además   nos  ubican   en   las  políticas  sociales   como   grupos  vulnerables  que “requieren de asistencia”, en virtud de valorar nuestro trabajo y reconocernos como grupo estratégico en  la producción  y  suministro de alimentos, agentes económicos capaz de  ser generadoras de riqueza y desarrollo en las comunidades.

Por todo   lo   anterior,   las  Petateras  consideramos   que  el  reconocimiento   de  la   igualdad   de mujeres   y   hombres   en   la   distribución   de   responsabilidades,   oportunidades   y   derechos   es una condición necesaria, para promover sociedades justas e incluyentes

Militarización, terror y abusos sexuales: criminalización de la protesta social

En   El   Aguán,   un   grupo   de   terratenientes  -que   encabeza   el   poderoso   empresario   Miguel Facussé- tiene un complejo industrial de grandes propiedades dedicadas al cultivo de palma africana.   El   agro-negocio     ha  alentado     el   desempleo    y   la  marginación   campesina.        Los
terratenientes han reducido mano de obra  y salarios. Mediante  métodos fraudulentos, han expropiado miles de hectáreas en manos de campesinos, pagándoles el diez por ciento del valor real de las propiedades.

El   apoyo   del  actual   gobierno   a   los   terratenientes   y  a   trasnacionales,   ha   derivado   en   una militarización de  la zona  y el aumento del hostigamiento y  la  inseguridad de  las  familias campesinas. Donde ya existían además una fuerza naval, un batallón del ejército, policías y guardias privados, ha sido reforzado con operativos que llevan más militares al Aguán.

Han     sido   asesinados     cienes   de   hombres      y  mujeres.    Las    campesinas,     en   su   mayoría, enfrentan un permanente hostigamiento tanto de las fuerzas de seguridad pública como de empresas de seguridad privada, que han distorsionado el concepto de de seguridad pública
y se produce un impacto particular de la represión, manifestado en abusos sexuales, los que se han aumentado en los últimos años, convirtiéndose en tratos crueles e inhumanos.

Pero un coro de medios de comunicación, cuyos propietarios son parte de las familias que detentan el poder económico   y político en Honduras, contribuyen a  la   manipulación  y  el ocultamiento   de   lo   que   verdaderamente   viven   las   hondureñas,   pese   a   que   siguen   siendo
parte de la lucha por sus derechos.

Denunciamos   que   los   aristas   de   ambas   situaciones,   las   reformas   agrarias   impulsadas   en Mesoamérica,   que   no   representan   avances   en   cuanto   a   los   derechos   de   las   mujeres,   y   la militarización   y   abusos   sexuales   hacia   las   mujeres,   son   el   reflejo     más   patético   de   una escalada     conservadora       que   va  en   aumento      y   que  sigue   siendo    impulsada     por   grupos económicos y políticos alineados y parte del Opus Dei.

Por    ello,   La   Confluencia      Feminista      Mesoamericana        Petateras,     apoya    plenamente       la realización   del     evento    "Cuerpos,     luchas   y   esperanzas     de  las  mujeres"     y   el   Encuentro Internacional   de   Derechos   Humanos,           en   El   Aguán,    para   que   se   reconozcan,    se  haganvisibles y denuncien el impacto particular de la represión en las mujeres, sus cuerpos y sus vidas.

                     Demandamos que cese la violencia en El Aguán     ¡Sí al acceso a la tierra por parte de las mujeres!

                           No más asesinatos ni expropiaciones

Leer 4387 veces Modificado por última vez en Martes, 22 Enero 2013 20:26